 | Por suerte, la bahía estaba muy calma y el barco no se movía para nada, o al menos nosotros no lo sentíamos. Nos preparamos para la cena y subimos a cubierta, donde ya estaban sentados todos los demás. Me levanté a las cinco de la mañana porque quería tomar fotos del amanecer. Esperaba que hubiera algo de niebla, para que ayudara a crear una atmósfera que haría que las fotos resultaran geniales. Jamás habíamos visto algo igual. Las lagunas eran de distintos colores, azules, blancas, verdes y rojas. Todas ellas están rodeadas de volcanes rocosos y oscuros, lo que torna al paisaje completamente irreal. |