 | Por suerte, la bahía estaba muy calma y el barco no se movía para nada, o al menos nosotros no lo sentíamos. Nos preparamos para la cena y subimos a cubierta, donde ya estaban sentados todos los demás. Muy pocas veces escuché a alguien hablar tan mal de su país, pero eso no es problema mío. Apagamos las luces a la medianoche y esperamos poder dormir unas horas. El tren se estremecía y nos hacía saltar en nuestras camas. A la mañana siguiente ella se sentía mucho mejor, y decidimos tomar el bus a Puerto Varas, un pueblo pequeño cerca del volcán Osorno. El viaje duró unas 13 horas y atravesamos muchos paisajes, no muy interesantes. |