 | Por suerte, la bahía estaba muy calma y el barco no se movía para nada, o al menos nosotros no lo sentíamos. Nos preparamos para la cena y subimos a cubierta, donde ya estaban sentados todos los demás. En el camino nos encontramos con una simpática niña de la aldea que trató de vendernos algunos recuerdos. Le dijimos que no le compraríamos nada a ella. Su Inglés era excelente, y no podíamos creer que tuviera sólo doce años. Por la tarde fuimos a visitar el Cerro Catedral, una montaña no muy lejos de la ciudad, a unos 30 minutos de viaje. Se puede escalar o subir con las aerosillas. Nos decidimos por esta segunda opción. |