 | No podíamos creer cuán difícil resultaba encintrar una habitación decente en este hotel de cuatro estrellas. Fui al mostrador del conserje y me quejé de nuestra habitación, de la actitud y mal servicio de los empleados. Autos de policía estaban recorriendo la ciudad, pidiéndoles a turistas y ciudadanos que abandonen la isla inmediatamente. Me dijeron que el huracán que se suponía pasaría por Cuba venía directo hacia nosotros. Visitamos las ruinas incas en las montañas cerca de Pisac. Un taxi nos llevó hasta la cima y luego descendimos caminando todo el camino hasta Pisac (que, dicho sea de paso, no es tarea fácil en el segundo día a esta altura. |