 | Nadar en mar abierto parecía refrescante y divertido, y algunos de nosotros nos zambullimos desde el techo del barco a las aguas profundas. Luego de otra colación, nos invitaron a los cuatro a una excursión en Kayak. En el camino nos encontramos con una simpática niña de la aldea que trató de vendernos algunos recuerdos. Le dijimos que no le compraríamos nada a ella. Su Inglés era excelente, y no podíamos creer que tuviera sólo doce años. La ruta era pésima, pero los lagos y los bosques eran coloridos e impresionantes. Condujimos durante dos horas a través del bosque hacia San Martín de los Andes, pero decidimos volver antes de que oscureciera. |