 | Volvimos a hablar con la misma gente, y nos estuvimos quejando un poco por el hecho de tener que compartir el barco con setenta pasajeros más, en lugar de tener un corto paseo romántico y privado. Por suerte para él, su esposa lo defendió y explicó que era torpe y que cosas así le pasarían todo el tiempo. De cualquier modo, no era de nuestra incumbencia. Todos cenamos después y nos fuimos a dormir. Primero tomamos un bus regular hasta la frontera, que era básicamente un edificio vacío. Allí nos pasamos a un jeep, ya que el terreno es muy rocoso. En nuestro grupo éramos 4 chicas americanas y nosotros. |