 | Un pequeño barco nos llevó a la estación de Kayaks. Alquilamos tres en total, uno para el guía, uno para la pareja de Estados Unidos y uno para nosotros. Empezamos a remar en una parte oculta de la Bahía, lejos de la multitud. Para ser honestos, no entendimos ni una palabra de lo que estaba diciendo, por que su Inglés era malísimo. O quizás el problema era su acento, muy difícil de entender. Para nosotros, estaba hablando en Chino. La cena en este pueblo no fue nada extraordinario, y el restaurant tampoco. La mayoría de los mozos y hasta el propio dueño estaban más interesados en el resultado del partido de fútbol que en sus invitados. |