 | Para llegar hasta el lago oculto teníamos que remar por debajo de una cueva. Al otro lado de la cueva estábamos los cinco solos. El lago estaba rodeado de montañas de piedra caliza, cubiertas de árboles tropicales. A eso de las ocho de la noche estábamos de vuelta. Nos duchamos, y nos encontramos con nuestros amigos para ir a cenar a un restaurante elegante. Ellos saldrían del país al día siguiente, y nosotros nos quedaríamos tres días más. Nos despertamos muy temprano porque queríamos seguir viaje hacia Bariloche, en Argentina. Compramos algo de comer y nos sentamos junto al lago a comer un sandwich. Había tanta niebla que no se veía el volcán. |