 | Elegimos esa lujosa habitación, pero cuando el payaso en la recepción nos dijo que no la podíamos utilizar a menos que pagáramos una diferencia, decidimos cambiarnos a la segunda mejor habitación, por el precio que habíamos pagado. No vemos a la araña comer la polilla, sólo vemos una araña amarilla sentada en una flor roja sosteniendo una polilla marrón. Pero sabemos lo que va a ocurrir: habrá un cruel y feo acto de la naturaleza. Visitamos las ruinas incas en las montañas cerca de Pisac. Un taxi nos llevó hasta la cima y luego descendimos caminando todo el camino hasta Pisac (que, dicho sea de paso, no es tarea fácil en el segundo día a esta altura. |