 | Las mujeres remaron hacia nosotros y trataron de vendernos comida y souvenirs. No nos interesaban, y ella trató de cerrarnos el paso para evitar que volviéramos al barco. Así que nadamos por debajo de ella. Para ser honestos, no entendimos ni una palabra de lo que estaba diciendo, por que su Inglés era malísimo. O quizás el problema era su acento, muy difícil de entender. Para nosotros, estaba hablando en Chino. Originalmente pensábamos quedarnos en Santiago un solo día, pero tuvimos que prolongar la estadía debido a su enfermedad. Yo caminé un poco por la ciudad solo, siempre en los alrededores del hotel. |