 | Las mujeres remaron hacia nosotros y trataron de vendernos comida y souvenirs. No nos interesaban, y ella trató de cerrarnos el paso para evitar que volviéramos al barco. Así que nadamos por debajo de ella. Muy pocas veces escuché a alguien hablar tan mal de su país, pero eso no es problema mío. Apagamos las luces a la medianoche y esperamos poder dormir unas horas. El tren se estremecía y nos hacía saltar en nuestras camas. Nos despertamos muy temprano porque queríamos seguir viaje hacia Bariloche, en Argentina. Compramos algo de comer y nos sentamos junto al lago a comer un sandwich. Había tanta niebla que no se veía el volcán. |