 | Las mujeres remaron hacia nosotros y trataron de vendernos comida y souvenirs. No nos interesaban, y ella trató de cerrarnos el paso para evitar que volviéramos al barco. Así que nadamos por debajo de ella. En el camino nos encontramos con una simpática niña de la aldea que trató de vendernos algunos recuerdos. Le dijimos que no le compraríamos nada a ella. Su Inglés era excelente, y no podíamos creer que tuviera sólo doce años. Esa misma noche fuimos a un excelente restaurant en el pueblo (cerca de la calle principal). Conocimos a una pareja de Buenos Aires de unos cincuenta años. Nos contaron muchas cosas interesantes sobre Argentina. |