 | La gente del mercado sabía regatear el precio, y uno casi no tenía oportunidad de bajar los precios drásticamente. Compramos unas tazas para café expresso que estaban talladas y pintadas con pinturas locales. Robert quiere contarnos no sólo de la naturaleza y sus secretos, pero también de la habilidad del ser humano de reconocer lo que pasa a nuestro alrededor. Sólo vemos el lado lindo si leemos y no analizamos. Caminamos por cada callejuela de Cuzco, impresionados por su belleza e ignorando el creciente malestar producido por la altura. Sin saberlo, nos esperaba la noche más horrible de nuestras vidas. |