 | El norteamericano (su nombre era Jeffrey) me dijo que ésta era la hora en que generalmente bajaba el precio de las mercaderías, ya que los vendedores estaban bajo presión y no querían volver con el producto sin vender. Una vez en la isla, trepamos a la montaña de piedra caliza y tuvimos una vista estupenda de toda el área de la bahía. La cueva de por sí también era impresionante y nuestro guía nos explicó cómo se había formado la cueva. Nos registramos en el Hotel de Paris, un hotel pequeño administrado por una señora mayor muy amable. Nuestras habitaciones estaban bien, pero pedimos que nos pasaran a la parte nueva. Mi esposa seguía con dolor de estómago. |