 | El norteamericano (su nombre era Jeffrey) me dijo que ésta era la hora en que generalmente bajaba el precio de las mercaderías, ya que los vendedores estaban bajo presión y no querían volver con el producto sin vender. Muy pocas veces escuché a alguien hablar tan mal de su país, pero eso no es problema mío. Apagamos las luces a la medianoche y esperamos poder dormir unas horas. El tren se estremecía y nos hacía saltar en nuestras camas. La cena en este pueblo no fue nada extraordinario, y el restaurant tampoco. La mayoría de los mozos y hasta el propio dueño estaban más interesados en el resultado del partido de fútbol que en sus invitados. |