 | El norteamericano (su nombre era Jeffrey) me dijo que ésta era la hora en que generalmente bajaba el precio de las mercaderías, ya que los vendedores estaban bajo presión y no querían volver con el producto sin vender. Uno no podía menos que enamorarse inmediatamente de Sapa. Nos registramos en nuestro hotel, que era limpio y con grandes habitaciones. Llegamos justo para el desayuno y disfrutamos de la vista de las colinas desde la terraza. El control de frontera estaba en medio de la cordillera de los Andes, a unos 2000 metros sobre el nivel del mar. La selva que nos rodeaba estaba cubierta de nieve, y el panorama era realmente maravilloso. |