 | El norteamericano (su nombre era Jeffrey) me dijo que ésta era la hora en que generalmente bajaba el precio de las mercaderías, ya que los vendedores estaban bajo presión y no querían volver con el producto sin vender. En el camino de regreso visité un club de playa privado. Sólo quería ver si podía entrar, y no hubo ningún problema. El lugar pertenecía a algún club que quedaba cerca de Cancún, en el continente. Cuando salimos del estadio después del partido había mucha gente en la calles. La mayor parte de los vecinos abrieron sus ventanas para vender carne asada, y toda la calle olía a carne asada y humo. |