 | Entramos al barco por detrás y fuimos a tomar una ducha. Ahí recordé por qué no me gustan demasiado los viajes largos en barco. Uno: todos los espacios son pequeños, y dos: te estás moviendo todo el tiempo. Compartimos una cabina con una anciana pareja española. Comenzaron a divagar sobre España, su gobierno corrupto y la guerra civil. Ellos no deberían trabajar en Relaciones Públicas, publicidad o ventas. A la mañana siguiente ella se sentía mucho mejor, y decidimos tomar el bus a Puerto Varas, un pueblo pequeño cerca del volcán Osorno. El viaje duró unas 13 horas y atravesamos muchos paisajes, no muy interesantes. |