Aunque la guía de turismo mencionaba un hotel de tres estrellas, ni siquiera tuvimos que entrar al lobby para saber que no dormiríamos allí. Elegimos otro de los hoteles recomendados y nos fuimos en el taxi. Tomé el autobús a la estación del ferry y disfruté del viaje en bus de treinta minutos. Le envié unos SMS a mi prima, que había estado en la isla dos años antes, y me informó sobre albergues y buenos lugares para visitar. Una hora más tarde la gente empezó a salir, y no entendíamos muy bien por qué. Toma otro trago, y le pagué al hombre del bar con efectivo. Más tarde me di cuenta que el cambio que me dio era dinero falso. |