Al llegar a la puerta, salteándonos la fila, empezamos a hablar con un hombre de Nueva York, y por casualidad descubrimos que tenía muy buenas conexiones con gente del club y nos podía ayudar a entrar. Elegí una habitación en el centro del pueblo. Fui a la playa del norte de la isla, que era supuestamente la más hermosa. Había muchos turistas tirados en la arena, pero todavía me sentía como un extranjero. Ya ni nos acordábamos que nuestro día había comenzado a las 7:30, 500 kilómetros más al norte. Ahora eran ya casi las 6pm y estábamos ansiosos por abordar el avión y acercarnos a nuestra destinación. |