Cuando aterrizamos en la ciudad Ho Chi Minh, me di cuenta de que los edificios, las casas y las estructuras en el aeropuerto tenían una influencia Rusa o comunista: estaba repleto de edificios de cemento, grandes y grises. Caminamos por cascadas de agua y ríos, pero el agua era demasiado fría como para nadar. La caminata nos resultó cansadora, y estábamos en el valle, lo que significaba que habría que volver a subir. La subida fue difícil. El mejor lugar para comer fue, en nuestra humilde opinión, el café Tamarin. La atmósfera era una de mochileros, pero con estilo. La gente estaba allí sentada con sus laptops y libros de guía de turismo. |