El aeropuerto del Calafate era un desastre. Era tan grande como el lobby de un hotel, pero repleto de gente, y todo el equipaje llegaba al mismo lugar y al mismo tiempo. Un empleado verificaba el recibo para evitar robos. Llamé al Hotel Hilton de La Habana y les pregunté si valía la pena ir, o si me recomendaban posponer mi llegada unos días. Su respuesta fue clara: No venga a menos que sea absolutamente necesario. Disculpa que no te haya escrito antes, es que tengo mucho trabajo en la oficina. Pero no me he olvidado de ti, y siempre pienso en escribirte. ¿Qué estudias exactamente? ¿Tienes hijos? ¿Estás casado? |