Elegimos esa lujosa habitación, pero cuando el payaso en la recepción nos dijo que no la podíamos utilizar a menos que pagáramos una diferencia, decidimos cambiarnos a la segunda mejor habitación, por el precio que habíamos pagado. Caminamos por cascadas de agua y ríos, pero el agua era demasiado fría como para nadar. La caminata nos resultó cansadora, y estábamos en el valle, lo que significaba que habría que volver a subir. La subida fue difícil. Decidimos caminar de regreso y explorar la ciudad de a pie. Era difícil cruzar las calles ya que había una infinita circulación de motos y bicicletas. Uno sólo tenía que entrar a la calle y cruzarla. |