El joven conductor del taxi nos llevó a la ciudad y empezamos a buscar un lugar donde alojarnos. Elegimos un nombre de la guía, le indicamos la dirección al conductor y llegamos dos minutos más tarde. Me conecté con un grupo de gente y jugamos al volleyball, tomamos unos tragos y me contaron un poco acerca del lugar y del país en general. Retorné al albergue que había elegido anteriormente y tomé una ducha fría. Era increíble ver cómo diferentes pueblos en distintas partes del mundo adoran a sus dioses de distinta manera. Realmente disfrutamos estar allí y percibimos la atmósfera mística que nos rodeaba. |