No podíamos creer cuán difícil resultaba encintrar una habitación decente en este hotel de cuatro estrellas. Fui al mostrador del conserje y me quejé de nuestra habitación, de la actitud y mal servicio de los empleados. Mi esposa se reunió conmigo dos horas más tarde y todos fuimos a desayunar. El plan para el día era ir a visitar una cueva en las islas. Tomamos unos botecitos para llegar, ya que el barco era demasiado grande para llegar a la isla. Pasamos el resto del tiempo comiendo en buenos restaurantes, haciendo compras, paseando y yendo a bares por la noche. Una de esas noches fuimos a cenar al barrio de Palermo. La cena fue muy agradable. |