La gente del mercado sabía regatear el precio, y uno casi no tenía oportunidad de bajar los precios drásticamente. Compramos unas tazas para café expresso que estaban talladas y pintadas con pinturas locales. Compartimos una cabina con una anciana pareja española. Comenzaron a divagar sobre España, su gobierno corrupto y la guerra civil. Ellos no deberían trabajar en Relaciones Públicas, publicidad o ventas. De cualquier modo, cuando regresamos al hotel el portero nos preguntó cómo había salido el partido, y le contestamos que habríamos preferido que nuestro equipo ganara, en lugar de empatar, porque un empate siempre te desilusiona. |