Después de cenar caminamos de regreso y vimos algunas tiendas y lugares interesantes en el camino. Todo era bastante impresionante, como siempre cuando uno está en un país nuevo. Entramos al hotel y tomamos el ascensor a nuestra habitación. Le dijo que para ser vieja, sería necesario tener un bebé. Tocó un punto muy sensible en cualquier mujer de alrededor de treinta años; hoy en día tenemos una hija maravillosa. La conversación con ella fue agradable. Parecía ser que el pescador y su hija no querían seguir remando a menos que les compráramos alguna cosa, y nosotros nos enojamos mucho por eso, y se lo demostramos abiertamente. Finalmente, decidieron seguir. |