Al llegar a la puerta, salteándonos la fila, empezamos a hablar con un hombre de Nueva York, y por casualidad descubrimos que tenía muy buenas conexiones con gente del club y nos podía ayudar a entrar. Después de dos semanas en países menos desarrollados era bastante interesante llegar allí. El autobús expreso desde el aeropuerto nos llevó al pueblo en menos de veinte minutos y tenía varias paradas. De ahí tomamos un vuelo diurno a Lima, Perú. Aterrizamos alrededor de las 6 de la tarde, ya era de noche. Del aeropuerto tomamos un taxi hasta el hotel (Hotel Carmel) en Miraflores, un barrio moderno y muy hermoso. |