En el camino de vuelta recuerdo que vimos una película sobre Diego Armando Maradona en el reproductor de DVD portátil del auto. Hablaban de él como de un santo. Lo tomé como una buena preparación para Buenos Aires. Llamé al Hotel Hilton de La Habana y les pregunté si valía la pena ir, o si me recomendaban posponer mi llegada unos días. Su respuesta fue clara: No venga a menos que sea absolutamente necesario. Maldijimos al conductor y al guía turístico, y todos sabíamos que esa gente no eran profesionales. Después de dos horas llegamos a nuestro destino. Era una pequeña estación fluvial en el banco de un río. |