Nos sentimos un poco tontos y esperamos a que el agua se calentase. La caldera parecía no funcionar y comenzamos a ponernos de mal humor. Le pedimos al técnico que regrese y admitió que había cometido un error. Estaba histérico, se había casado dos semanas antes y ya había perdido su primer alianza. ¿Hay algo que pueda causar más vergüenza? Además, toda la gente en el barco se enteró, lo que fue aún más vergonzante. De cualquier modo, cuando regresamos al hotel el portero nos preguntó cómo había salido el partido, y le contestamos que habríamos preferido que nuestro equipo ganara, en lugar de empatar, porque un empate siempre te desilusiona. |