El hall de entrada, donde se verificaban los pasaportes, estaba renovado y tenía muchos avisos de productos de países occidentales. Cunado lo pasamos y buscamos nuestro equipaje, comenzamos a buscar una forma de llegar a la ciudad. Subí a cubierta y, a excepción de un trabajador del barco que estaba durmiendo en el piso, yo era el único. Instalé mi cámara y esperé a que llegara la luz. Esperaba que las imágenes fueran más espectaculares. Decidimos caminar de regreso y explorar la ciudad de a pie. Era difícil cruzar las calles ya que había una infinita circulación de motos y bicicletas. Uno sólo tenía que entrar a la calle y cruzarla. |