El aeropuerto del Calafate era un desastre. Era tan grande como el lobby de un hotel, pero repleto de gente, y todo el equipaje llegaba al mismo lugar y al mismo tiempo. Un empleado verificaba el recibo para evitar robos. Muy pocas veces escuché a alguien hablar tan mal de su país, pero eso no es problema mío. Apagamos las luces a la medianoche y esperamos poder dormir unas horas. El tren se estremecía y nos hacía saltar en nuestras camas. Soy de Los Ángeles California, pero vivo en Manhatan, NYC. Me gustan la fotografía y el arte. Estoy aprendiendo Inglés para mi trabajo, y tendría que tener un compañero de estudios para poder hacerlo más rápido, ¿no crees? |