Al llegar a la puerta, salteándonos la fila, empezamos a hablar con un hombre de Nueva York, y por casualidad descubrimos que tenía muy buenas conexiones con gente del club y nos podía ayudar a entrar. La habitación tenía 4 metros cuadrados y el baño y la ducha eran diminutos. No estaba contento con eso, ya que podríamos estar en un hotel mucho mejor por menos dinero. Igualmente habíamos hecho nuestras reservas con anticipación. Los buses llenos de gente, los colores y la cantidad de casinos en el camino nos dejaron maravillados. Nos habían dicho que Lima no era muy seguro, así que decidimos quedarnos sólo una noches, antes de seguir hacia Cuzco. |