Los lugares a los que hemos ido son muy diferentes de los que vimos en el otro país. Se veía menos pobreza y mayor organización, aunque no todo el mundo podía decir cuál era la diferencia. ¡Que extraño! En el camino nos encontramos con una simpática niña de la aldea que trató de vendernos algunos recuerdos. Le dijimos que no le compraríamos nada a ella. Su Inglés era excelente, y no podíamos creer que tuviera sólo doce años. De cualquier modo, cuando regresamos al hotel el portero nos preguntó cómo había salido el partido, y le contestamos que habríamos preferido que nuestro equipo ganara, en lugar de empatar, porque un empate siempre te desilusiona. |