Había todo tipo de gente sentada en el restaurante, locales y turistas extranjeros. Uno podía ver que la ciudad tenía algunos lugares modernos y que éste no era el Vietnam que nos habíamos imaginado. Algunas de las personas me habían invitado a cenar con ellas, y yo acepté de buen grado. Pronto descubrí que iban a cenar en su propio apartamento y a cocinar ellos mismos. Me encontré pelando patatas crudas. Nos despertamos a las 5, desayunamos y volvimos al mismo aeropuerto en el que habíamos aterrizado apenas unas horas antes. El vuelo de 1 hora estaba lleno de turistas de todas las edades, casi todos norteamericanos. |