Lili estaba muy nerviosa y temía que no la dejaran entrar porque no tenía suficientes hojas en blanco en el pasaporte. La oficina de Visas tomó nuestros papeles y fotografías y nos los devolvió cinco minutos después. Uno no podía menos que enamorarse inmediatamente de Sapa. Nos registramos en nuestro hotel, que era limpio y con grandes habitaciones. Llegamos justo para el desayuno y disfrutamos de la vista de las colinas desde la terraza. Fuimos de vuelta a la ciudad y esta vez nuestro conductor manejó incluso más alocadamente. Rezamos para que termine el viaje. Arribamos sanos y salvos dos horas después y volvimos a nuestra casa sin siquiera quejarnos. |