La gente del mercado sabía regatear el precio, y uno casi no tenía oportunidad de bajar los precios drásticamente. Compramos unas tazas para café expresso que estaban talladas y pintadas con pinturas locales. Arribamos a la aldea de Sapa completamente cansados, sin más energía, y fuimos a cenar de inmediato. Fuimos a dormir temprano, por el ejercicio físico y porque no habíamos dormido bien la noche anterior. Decidimos caminar de regreso y explorar la ciudad de a pie. Era difícil cruzar las calles ya que había una infinita circulación de motos y bicicletas. Uno sólo tenía que entrar a la calle y cruzarla. |