No podíamos creer cuán difícil resultaba encintrar una habitación decente en este hotel de cuatro estrellas. Fui al mostrador del conserje y me quejé de nuestra habitación, de la actitud y mal servicio de los empleados. Apenas me fui a acostar, una música a un volumen increíblemente alto comenzó a sonar desde la habitación justo debajo de la mía. La música era tan fuerte que no pude dormir a pesar de que estaba terriblemente cansado. De ahí tomamos un vuelo diurno a Lima, Perú. Aterrizamos alrededor de las 6 de la tarde, ya era de noche. Del aeropuerto tomamos un taxi hasta el hotel (Hotel Carmel) en Miraflores, un barrio moderno y muy hermoso. |