Al llegar a la puerta, salteándonos la fila, empezamos a hablar con un hombre de Nueva York, y por casualidad descubrimos que tenía muy buenas conexiones con gente del club y nos podía ayudar a entrar. El día siguiente realizamos otra caminata, esta vez mucho más lejos, pero por suerte, cuesta abajo. Otra vez caminamos por campos y terrazas de arroz, a lo largo de ríos y a través de aldeas tribales en las colinas. Éste es uno de nuestros mayores problemas en Guatemala en este momento: los jóvenes y los pobres consumen drogas y toman alcohol porque están deprimidos y aburridos. La capital se ha vuelto muy peligrosa. |