De repente tuvo que vomitar, y desafortunadamente vomitó en los zapatos de nuestro nuevo amigo y en sus propios jeans. Fue muy vergonzante, especialmente porque este hombre nos había tratado tan bien. El segundo día visitamos el mercado de pájaros y peces, algunos centros comerciales grandes y dedicamos el día entero a comprar ropa y pasear por allí. Encontré un lindo saco, que todavía uso. Nos pasamos toda la noche temblando, sudando y vomitando, fue algo realmente desagradable. Para colmo, tuvimos la mala suerte de que nos tocara la peor habitación en el peor hotel de toda la ciudad. |