El pueblo era pequeño y el gerente del hotel pudo llamar a todas las agencias de taxi. Verificaron con sus radios y una hora después el conductor nos trajo las valijas. No quería que le pagáramos extra, pero insistimos. Comenzamos a buscar otras opciones y dimos con el refugio del Ejército de Salvación, que tenía habitaciones más grandes a la mitad de precio. La segunda y la tercer noche nos quedaríamos allí antes de seguir viaje. De cualquier modo, nos fuimos, como el resto de la gente, y una vez afuera nos dimos cuenta que la gente estaba cruzando la calle para ir a otro club nocturno. Nosotros hicimos exactamente lo mismo que ellos. |