El pueblo era pequeño y el gerente del hotel pudo llamar a todas las agencias de taxi. Verificaron con sus radios y una hora después el conductor nos trajo las valijas. No quería que le pagáramos extra, pero insistimos. Luego de dormir un largo rato, pedimos un taxi que nos llevó desde al hotel al aeropuerto. Estábamos un poco tristes de irnos. El vuelo sobre el Mar del Sur de China duró dos horas. Aterrizamos en el nuevo aeropuerto de Hong Kong. Es un barrio hermoso, con muchas boutiques y restaurantes y negocios. Invitamos a nuestros amigos de Holanda a acompañarnos para la cena y aceptaron. Encontramos el restaurante en la revista Time Out. |