Nuestro día llegó a su fin, y Samu nos llevó de vuelta al hotel. Accedimos a salir a con el una vez más y eso fue camino al aeropuerto. Llevábamos su número de celular con nosotros por las dudas que lo necesitáramos. Pasamos el día entero sin hacer nada, sólo esperando el autobús nocturno que nos llevaría al área montañosa norte de Vietnam, cerca de la frontera con China. El tren salió alrededor de las diez de la noche. El mejor lugar para comer fue, en nuestra humilde opinión, el café Tamarin. La atmósfera era una de mochileros, pero con estilo. La gente estaba allí sentada con sus laptops y libros de guía de turismo. |