Cuando aterrizamos en la ciudad Ho Chi Minh, me di cuenta de que los edificios, las casas y las estructuras en el aeropuerto tenían una influencia Rusa o comunista: estaba repleto de edificios de cemento, grandes y grises. Pasamos el día entero sin hacer nada, sólo esperando el autobús nocturno que nos llevaría al área montañosa norte de Vietnam, cerca de la frontera con China. El tren salió alrededor de las diez de la noche. Nuestro pescador paró el bote y su niña de nueve años abrió una caja con recuerdos, ropa y sombreros. Estábamos en el medio de un río, no íbamos a ningún lado y entonces tuvimos que empezar a comprar cosas. |