Nos quedamos unas horas observando los enormes bloques de hielo desprendiéndose y cayendo a las aguas heladas, salpicando agua a más de 100 metros de altura. Cada salpicadura iba seguida de un ruido atronador. Subí a cubierta y, a excepción de un trabajador del barco que estaba durmiendo en el piso, yo era el único. Instalé mi cámara y esperé a que llegara la luz. Esperaba que las imágenes fueran más espectaculares. Justo había dicho que si quieres podríamos encontrarnos en la última semana de Octubre, tengo que estar en Málaga la semana siguiente. ¡Tu Inglés es muy bueno! ¡Sería muy lindo tener noticias tuyas! |