Nos quedamos unas horas observando los enormes bloques de hielo desprendiéndose y cayendo a las aguas heladas, salpicando agua a más de 100 metros de altura. Cada salpicadura iba seguida de un ruido atronador. Comenzamos a buscar otras opciones y dimos con el refugio del Ejército de Salvación, que tenía habitaciones más grandes a la mitad de precio. La segunda y la tercer noche nos quedaríamos allí antes de seguir viaje. De cualquier modo, cuando regresamos al hotel el portero nos preguntó cómo había salido el partido, y le contestamos que habríamos preferido que nuestro equipo ganara, en lugar de empatar, porque un empate siempre te desilusiona. |