Queríamos tomar una ducha caliente, pero no había nada de agua caliente. Le pedimos a alguien que arregle el problema y nos mostró que había un interruptor para calefaccionar el agua afuera del baño, que encendería la caldera. A eso de las ocho de la noche estábamos de vuelta. Nos duchamos, y nos encontramos con nuestros amigos para ir a cenar a un restaurante elegante. Ellos saldrían del país al día siguiente, y nosotros nos quedaríamos tres días más. Les debe haber llevado años y miles de trabajadores el poder llevar a cabo la tarea de construir complejos tan espectaculares como ese. Tomamos muchas fotografías y caminamos de vuelta al taxi. |