Después de cenar caminamos de regreso y vimos algunas tiendas y lugares interesantes en el camino. Todo era bastante impresionante, como siempre cuando uno está en un país nuevo. Entramos al hotel y tomamos el ascensor a nuestra habitación. Por suerte para él, su esposa lo defendió y explicó que era torpe y que cosas así le pasarían todo el tiempo. De cualquier modo, no era de nuestra incumbencia. Todos cenamos después y nos fuimos a dormir. Pasamos el resto del tiempo comiendo en buenos restaurantes, haciendo compras, paseando y yendo a bares por la noche. Una de esas noches fuimos a cenar al barrio de Palermo. La cena fue muy agradable. |