La gente del mercado sabía regatear el precio, y uno casi no tenía oportunidad de bajar los precios drásticamente. Compramos unas tazas para café expresso que estaban talladas y pintadas con pinturas locales. A la tarde subimos hasta el Pico de Victoria y caminamos por los senderos que había alrededor del punto principal. La vista a la tarde era espectacular y después del atardecer, con todas las luces encendidas, era impresionante. El mejor lugar para comer fue, en nuestra humilde opinión, el café Tamarin. La atmósfera era una de mochileros, pero con estilo. La gente estaba allí sentada con sus laptops y libros de guía de turismo. |