La gente del mercado sabía regatear el precio, y uno casi no tenía oportunidad de bajar los precios drásticamente. Compramos unas tazas para café expresso que estaban talladas y pintadas con pinturas locales. Pasamos el día entero paseando por la ciudad, buscando regalos para nuestros amigos y familia que estaban en nuestro país.. Fue un lindo y relajante último día. A la tarde decidimos comprar unos zapatos. Nuestro pescador paró el bote y su niña de nueve años abrió una caja con recuerdos, ropa y sombreros. Estábamos en el medio de un río, no íbamos a ningún lado y entonces tuvimos que empezar a comprar cosas. |